A la vista del post “¿Cómo medir sistemas de información?” de ildapena me he animado a comentaros un caso que nos hemos encontrado últimamente. La semana pasada oí a un director de sistemas decir “¿qué nos pasa? ¿por qué no avanzamos? ¿por qué no cerramos los temas que iniciamos?” Reconozco que empecé a tener vértigo. Me vi implantando COBIT, ITIL, CMM o alguna derivada de estas, pero fui rápido de reflejos y encontré una salida tan digna como cierta. “Tenemos implantadas todas esas metodologías, pero con un grado de madurez nulo”. Y es cierto, cuando hacemos algo, incluso esas cosas que no sabemos hacer y las hacemos, seguimos una metodología. Os recomiendo, tras mis últimas experiencias, que seáis cautelosos en la implantación de metodologías de gestión. Estas son, normalmente, una compilación de mejores prácticas, ejemplos y casos de éxito de los que nos tenemos que empapar y que no debemos imponer.

Por ejemplo, las metodologías de Benchmarks que ildapena comenta en su post, son muy interesantes, básicas para poder hacer un análisis serio de capacidad y/o rendimiento de un sistema. Aún así, tanto cuando leamos un benchmark como cuando lo preparemos debemos conocer el espíritu con el que se preparó la metodología para saber aplicar solo lo que nos interesa en ese caso.

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